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Teletrabajo y salud laboral: ergonomía, desconexión y bienestar

En los últimos años, hablar de teletrabajo y salud laboral ha dejado de ser algo secundario para convertirse en un tema que nos afecta a todos, tanto en nuestras casas como en el trabajo. La pandemia aceleró un cambio que ya estaba en marcha gracias a la digitalización, y ahora, en 2025, una de cada cuatro personas que trabajan en España lo hace desde casa al menos en parte. Esto no solo ha cambiado el lugar y modo en que trabajamos, sino también la manera en la que cuidamos nuestra salud mientras lo hacemos.

Pero trabajar desde casa no es tan sencillo como parece. Según un informe reciente del Observatorio del Teletrabajo en España (2024), el 60% de quienes teletrabajan experimentan síntomas relacionados con estrés y fatiga digital, y cerca del 45% tiene problemas para mantener una postura ergonómica adecuada porque no cuentan con el equipamiento necesario en su hogar.

Lo que ocurre con el teletrabajo va más allá de la ergonomía o los problemas físicos derivados de estar muchas horas frente a la pantalla. Cada vez son más patentes los riesgos psicosociales, como el tecnoestrés, la fatiga digital, el aislamiento, y las dificultades para separar la vida personal de la profesional. Estos factores afectan directamente nuestro bienestar general y, si no los gestionamos bien, pueden tener un impacto importante en nuestra salud tanto mental como física.

Por todo esto, prevenir los riesgos para la salud en el teletrabajo es más importante que nunca. No se trata solo de cumplir con la normativa, sino de crear ambientes y hábitos que nos permitan aprovechar las ventajas del teletrabajo —como la flexibilidad y una mayor autonomía— mientras minimizamos sus efectos negativos. En este artículo vamos a explorar juntos cuáles son los principales riesgos, cómo podemos prevenirlos y qué oportunidades nos ofrece el trabajo digital para mejorar nuestra calidad de vida en el ámbito profesional.

Obtenido de Pexels

Teletrabajo y salud laboral: una relación compleja

El teletrabajo y la salud laboral forman una relación cada vez más estrecha en el contexto actual, marcado por transformaciones aceleradas en la forma de trabajar. El teletrabajo, definido como la realización del trabajo fuera del espacio físico habitual de la empresa mediante el uso de tecnologías de la información y comunicación, ha experimentado un crecimiento exponencial en España y Europa, especialmente desde la irrupción de la pandemia de COVID-19.

El teletrabajo representa un cambio sociotécnico profundo, con características que impactan tanto la organización del trabajo como la experiencia subjetiva de las personas trabajadoras:

  • Flexibilidad espacio-temporal: Permite realizar tareas desde lugares distintos al habitual, ofreciendo autonomía para distribuir el tiempo, aunque esta flexibilidad puede generar ambigüedad en horarios y disponibilidad constante.
  • Autonomía y control: Si bien la autonomía aumenta, esta se combina con nuevos mecanismos de vigilancia y monitorización digital que pueden intensificar la presión y generar conflictos en el equilibrio vida-trabajo.
  • Individualización: La interacción presencial es sustituida por relaciones virtuales, modificando la cultura organizacional y el sentido de pertenencia.
  • Desigualdades en el acceso: Las condiciones para el teletrabajo varían considerablemente según sector, género y nivel educativo. Por ejemplo, las mujeres, especialmente aquellas con cargas familiares, enfrentan mayores obstáculos para conciliar responsabilidades, aspectos que deben considerarse en la gestión organizacional.

La relación entre teletrabajo y salud laboral es compleja. Esta modalidad amplía oportunidades para la conciliación y puede reducir riesgos asociados a desplazamientos, evitando accidentes laborales externos. Sin embargo, la flexibilidad puede convertirse en sobrecarga y difuminar los límites entre trabajo y vida personal, afectando el bienestar emocional y físico (European Agency for Safety and Health at Work, 2022).

En resumen, el teletrabajo es un fenómeno que no solo transforma las formas tradicionales de trabajo, sino que redefine las fronteras entre lo profesional y lo personal. Su gestión exitosa depende de la comprensión de sus características específicas y la adopción de estrategias que consideren tanto la flexibilidad como las demandas de protección para la salud de las personas que trabajan bajo esta modalidad. 

Principales riesgos para la salud en los modelos de trabajo remoto

Es importante destacar que la adopción masiva del teletrabajo ha posicionado la necesidad de evaluar y gestionar de manera específica un conjunto de nuevos riesgos laborales asociados, poniendo en primer plano la importancia de la prevención para asegurar entornos digitales saludables y sostenibles.

Estos riesgos se pueden categorizar en psicosociales, ergonómicos y organizativo:

Riesgos psicosociales

Según datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social, en 2024 el 65% de las personas teletrabajadoras reportaron síntomas de estrés, y un 48% experimentan trastornos musculoesqueléticos vinculados al teletrabajo. Un estudio europeo (EU-OSHA, 2023) confirma que la prevalencia de tecnopatías y trastornos psicosociales en teletrabajadores supera significativamente la de trabajadores presenciales, subrayando la necesidad de intervenciones específicas.

Los riesgos psicosociales son quizás los más visibles y reportados en el contexto del teletrabajo:

  • Tecnoestrés y fatiga digital. La constante exposición a tecnologías digitales durante largas jornadas fomenta el tecnoestrés, manifestado en ansiedad, sensación de sobrecarga y agotamiento.
  • Aislamiento social. La reducción de la interacción presencial con compañeros y supervisores puede provocar una sensación de soledad y desconexión, impactando la salud mental y afectando el sentido de pertenencia y motivación.
  • Conflicto entre vida personal y laboral. La difusa separación física y temporal fomenta interferencias, especialmente en contextos donde la responsabilidad sobre tareas domésticas y de cuidado recae más sobre las mujeres, exacerbando así las desigualdades de género.

Riesgos ergonómicos

El entorno doméstico no siempre está adecuadamente preparado para la modalidad de teletrabajo, lo que genera:

  • Trastornos musculoesqueléticos. La ausencia de equipamiento ergonómico —como sillas y mesas ajustables—, sumada a posturas prolongadas y falta de pausas activas, contribuye a la aparición de dolores cervicales, lumbares y en extremidades.
  • Problemas visuales. La exposición continua a pantallas puede causar fatiga ocular, sequedad, visión borrosa y cefaleas, conocidos como síndrome visual informático.

Impacto organizativo y laboral

Además, la digitalización y el teletrabajo han intensificado ciertas dinámicas laborales que afectan la salud:

  • Intensificación del trabajo. La presión por resultados y la disponibilidad constante vinculada al uso de tecnologías facilitan la extensión de la jornada laboral, lo que a su vez dificulta la desconexión digital y el descanso necesario para la recuperación.
  • Dificultades en la gestión del trabajo. La comunicación virtual puede generar malentendidos, falta de feedback inmediato y sentido de inseguridad en el desempeño, afectando la calidad del trabajo y generando estrés adicional.

Beneficios y oportunidades para la salud y bienestar en el teletrabajo

A pesar de los riesgos del teletrabajo sobre la salud, esta modalidad también presenta importantes beneficios que, si se gestionan adecuadamente, pueden potenciar el bienestar físico y psicológico de las personas trabajadoras. La clave está en identificar y aprovechar las oportunidades que ofrece el trabajo digital para mejorar la calidad de vida laboral, promoviendo entornos saludables y sostenibles.

Un estudio de la Comisión Europea (2023) revela que los teletrabajadores reportan un aumento del 15% en su satisfacción laboral cuando las empresas ofrecen recursos para promover la salud y el bienestar, como programas de ergonomía y apoyo psicológico.

Entre los beneficios que se destacan en la literatura reciente encontramos:

  • Mejora en la conciliación laboral y familiar: La posibilidad de trabajar desde casa facilita la integración de las responsabilidades personales y profesionales. Según datos de la Encuesta de Población Activa (INE), el 70% de las personas que teletrabajan en 2024 opina que esta modalidad ayuda a reducir el estrés asociado a la conciliación, mejorando su calidad de vida.
  • Reducción de riesgos relacionados con desplazamientos: El teletrabajo elimina los desplazamientos diarios, que en España suponen una media de 50 minutos por trayecto. Esto no solo disminuye la fatiga y el estrés, sino que también contribuye a reducir la huella ecológica, algo muy valorado en el contexto europeo.
  • Flexibilidad horaria y autonomía: La posibilidad de adaptar los horarios laborales a las necesidades personales favorece un mayor control sobre el tiempo, promoviendo prácticas que ayudan a gestionar mejor los niveles de estrés y a prevenir trastornos relacionados con la salud mental.
  • Oportunidades de innovación en políticas de salud laboral: La digitalización ofrece herramientas y plataformas que permiten monitorizar en tiempo real indicadores de salud y bienestar, facilitando intervenciones preventivas personalizadas y basadas en datos.

El teletrabajo ha supuesto un cambio profundo en la manera en que organizamos nuestro trabajo y, a su vez, en nuestra salud laboral. Tras analizar sus características, riesgos y ventajas, queda claro que esta forma de trabajar no solo ha transformado dónde y cómo trabajamos, sino también las condiciones que afectan nuestro bienestar físico y emocional. Los beneficios de mayor flexibilidad y mejores posibilidades para conciliar la vida personal y laboral conviven con riesgos psicosociales y ergonómicos, lo que demuestra la importancia de abordarlo de manera equilibrada y consciente.

¿Entonces, cómo aprovechamos lo positivo del teletrabajo para la calidad de vida? Aquí planteo algunas ideas:

  • Implementar programas de bienestar integrados. Incorporar en la cultura de la organización actividades para promover la actividad física, prácticas de mindfulness o talleres para gestionar el estrés puede mejorar mucho la satisfacción y ayudar a reducir la fatiga digital.
  • Fomentar la autonomía y la confianza. Apostar por un liderazgo basado en la confianza, donde se evalúe el rendimiento por resultados y no por horas de trabajo, crear un ambiente saludable donde el teletrabajo y la salud laboral pueden convivir en armonía.
  • Utilizar la tecnología para gestionar mejor. Las herramientas digitales nos ayudan a controlar el uso del tiempo, facilitar pausas activas y gestionar el estrés, siempre respetando la privacidad y derechos de cada persona.

Pensar en el futuro del trabajo nos lleva a preguntarnos si estamos realmente preparados como sociedad y organizaciones para garantizar que el teletrabajo sea una oportunidad de bienestar real, equilibrio y justicia social, y no solo un privilegio que oculta riesgos invisibles.

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Para saber más...

Comisión Europea. (2023). Informe sobre bienestar y salud de las personas teletrabajadoras en la UE.

European Agency for Safety and Health at Work. (2022). Healthy workplaces lighten the load: Working safely with display screen equipment (DSE)

European Agency for Safety and Health at Work. (2023). Teleworking and health and safety risks.

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